AT Visions: EL CLUB DE LOS PERDEDORES:La Resurrección del Mal Cap. 3

lunes, 16 de julio de 2012

EL CLUB DE LOS PERDEDORES:La Resurrección del Mal Cap. 3

Castle Rock y Action Tales presentan:

El CLUB DE LOS PERDEDORES


2 Parte: La Resurrección del Mal

Capitulo 3

 Escrito por Miguel Ángel Naharro















3

Las hermanas de Ethain

Roland Deschain se mojó la cara con el agua fresca y limpia y el reflejó de su rostro cansado y agotado le devolvió la mirada.
Una de las hermanas le observaba atentamente, con el rostro serio y sin quitarle el ojo de encima. No pudo menos que comprenderla a la perfección, su aspecto desaliñado y sucio seguramente resultaba cuanto menos inquietante para las personas de buena voluntad.
—No se preocupe, hermana, no tienen nada que temer  de nosotros. —aseguró Roland con una sonrisa conciliadora.
La hermana, una mujer ya entrada en años con expresión afable le devolvió la sonrisa.
— Jesús Hombre nos ayude si no sabemos confiar en la gente que llega pidiendo ayuda a las puertas del convento. —señaló la hermana.
Roland se llevó instintivamente la mano a la cartuchera donde aguardaba su revólver.
—En la casa del señor no está permitido llevar armas. Aquí no son necesarias. —observó la hermana.
Roland asintió comprensivamente.
— ¿Dónde están mis amigos?

—Están llenándose el estomago con comida caliente en el comedor. Creo que le vendría bien comer algo, dado su aspecto. —indicó la hermana mirándole con cierto desdén.
Siguió a la hermana por los pasillos del interior del convento, en su camino se cruzaron con algunas novicias, que le miraban con la curiosidad de quien no está acostumbrado a las visitas, en especial la de extraños que aparecen repentinamente. Roland les saludó cortésmente con un leve movimiento de su cara.
Las puertas del comedor comunal se abrieron de par en par y Roland observó a Jack Bateman sentado en una mesa, con una hermana sirviéndole un poco de agua en una copa y Jack partiendo un poco de pan para mezclarlo con la sopa que humeaba en el plato. El olor que llegaba a sus fosas nasales hizo gruñir a su hambriento estomago.
Jack reparó en la presencia de Roland y le hizo un gesto para que se sentase en a su lado.
Se sentó mientras una de las hermanas le acercaba un plato lleno de sopa y una cuchara. Se llevó la cuchara llena a la boca y después miró a Jack.
— ¿Y Mike?
Jack se encogió de hombros.
—Dijo que necesitaba estirar las piernas y dar un paseo. —explicó Jack.
Roland contempló el comedor y examinó lo que le rodeaba y a las hermanas que llevaban bandejas aquí y allá y les vigilaban mientras comían, con algo de desconfianza.
—Hemos tenido suerte de que nos encontrasen o estaríamos enterrados bajo metros de arena, Roland. —dijo Jack.
—Si… No es casualidad. —observó recordando el ataque de los cuervos que le mostró que el mal se hallaba cerca.
—No me lo digas, el Ka. —musitó Jack divertido.
Roland asintió.
—Eres uno de los Pistoleros de la estirpe de Eld. —dijo una voz a sus espaldas.
Se volvió y contempló a una hermana ya anciana, con unos hábitos algo diferentes. La madre superiora sin duda pensó Roland.
—Hace mucho tiempo que mis viejos ojos no veían a uno de los tuyos, la época donde los Pistoleros patrullaban las baronías y mantenían la ley ha quedado ya sumida en el olvido. —indicó la madre superiora.
—Así es, los Pistoleros ya no existen, soy el último de los míos.
Jack se dio cuenta de que en sus ojos se vio una mezcla de nostalgia y melancolía, probablemente recordando mejores momentos de su vida.
—Lamento escuchar eso, pistolero. Las noticias llegan con cuenta gotas en el monasterio y estamos aisladas de lo que ocurre fuera.
—Mi nombre es Roland, madre superiora.
La madre superiora le puso su mano sobre la suya.
—Podéis quedaros tanto como deseéis, sois bien recibidos en esta casa.
Roland asintió.
Jack se asombraba del respeto referencial con el que trataban a Roland, como si fuese una especie de eminencia o su cargo tuviese un halo de nobleza que le acompañase allí donde fuese. Probablemente fuese de esa forma. Por lo que había podido averiguar, los Pistoleros eran algo similar a los Caballeros Templarios o los Caballeros de la Mesa Redonda de las leyendas e historias de la Tierra. Un puesto de honor y valentía, unos caballeros dispuestos a proteger al débil y al inocente. No le cabía duda de que apenas había rascado la superficie del auténtico Roland, y tenía el presentimiento de que bajo esa fachada de tipo duro y aspecto descuidado, era una gran persona que sería un placer conocer en profundidad.

Mike Hanlon se hallaba en uno de los patios del convento, apoyado en el pozo. Aunque el sol estaba en todo lo alto y el calor ya empezaba a ser difícil de soportar, le gustaba estar al aire libre y viendo como la vida diaria seguía en el convento donde se encontraban.
Una hermana joven se acercó y le miró, llevaba un cubo muy grande que apenas podía cargar.
Se lo sujetó y le sonrió.
—Déjeme que le ayude, hermana.
La chica le agradeció el gesto con una mirada.

—Charlene, hermana Charlene. —añadió la chica.
—Michael Hanlon, pero todo el mundo me llama “Mike”. —contestó Mike haciendo bajar el cubo por el pozo para llenarlo de agua.
Se percató de las ojeras bajo los hermosos ojos de la chica.
— ¿No duerme bien últimamente?
El rostro de la hermana Charlene se puso pálido y mostró una expresión que Mike estaba seguro que denotaba miedo y temor.
—Tengo pesadillas que se repiten una y otra vez, y apenas me dejan descansar. Rezó para que no llegue la noche y tenga que irme a dormir y verle de nuevo.
— ¿Verle? ¿A quién?
—Al Hombre Negro, sus ojos brillan con un fulgor rojizo y en ellos se podía ver una maldad y un odio que no parecía tener límites, me aparece una y otra vez, siempre de la misma forma…Su risa, malévola y horrible, como el ruido de huesos rompiéndose una y otra vez. Y no es lo único que veo. —Pareció asustada y algo culpable. —No debería decir nada…Si las otras hermanas se enteran, pensarán que estoy volviéndome loca.
—Puedes contármelo, Charlene, puedes confiar en mí. —indicó Mike con tono agradable y dibujando una sonrisa en su rostro.
—Me veo a mi misma, en un lugar extraño, muy diferente al mundo que siempre he conocido. Estoy asustada y alguien me persigue. Entonces comienzo a sudar y tengo fiebre, la piel empieza a arder, como si estuviese enferma, pero no se detiene y me veo rodeada de llamas, a las que miró como si estuviese hipnotizada por ellas….
Camino a través del fuego sin temor, pues no me hacen daño ni me queman y observó como todo es consumido por el fuego a mi alrededor…
Mike Hanlon reflejó pesar por el tono angustiado de la joven, deseó abrazarla para confortarla, pero aunque apenas pasaba alguna hermana de tanto en tanto, no podía arriesgarse a incomodar a Charlene o a que  ella tuviese problemas.
La miró fijamente.
—No creo que  estés loca, Charlene, esos sueños tienen algún significado que te ayudaré a resolver ¿vale?
La joven asintió aliviada por las palabras de Mike. Este sentía una familiaridad y una empatía con la chica como si fuesen viejos conocidos ¿seria el Ka?


Las hermanas tumbaron en la cama al hombre que acababan de rescatar de las arenas. Probablemente quedó semi enterrado en las mismas en la tormenta que les sacudió el día anterior. Por suerte para él, una de las novicias había visto alguna cosa cuando salieron a las inmediaciones del Convento y pidieron ayuda para rescatarlo.
El hombre estaba envuelto en una capa de color oscuro y una capucha ocultaba su rostro. Sus ropas asemejaban rojas por la sangre que la manchaban. Aunque no veían que fuese de heridas de su propio cuerpo. La hermana Susan junto a la hermana Rebecca preparó agua caliente y unos paños para atender a su paciente.
La hermana Elsie vigilaba al hombre que aún no había despertado, aunque si podía escuchar su leve respiración ¿tendría algún daño permanente?
Repentinamente, se incorporó como por un resorte, quedándose sentado en la cama y se retiró  la capucha con sus delgadas manos, descubriendo un rostro desgastado, cuya vida parecía haber abandonado hacía mucho tiempo. Antes de que sus distraídas hermanas pudiesen siquiera darse cuenta de nada, y de que la hermana Elsie emitiera un grito de ayuda, el hombre la acercó con su mano su rostro al suyo y la besó.
Elsie notó como algo se introducía por su garganta, obstruyéndosela y dejándola sin aire. Se introdujo hasta sus entrañas, como un parasito que buscase su alimento.
 Los ojos de la mujer se tornaron rojos como la sangre, sus venas se marcaron en su piel que se volvió totalmente pálida como la cera.
Separó sus labios de los suyos, y la garganta de la hermana Elsie dejó escapar un gorgoteo ahogado. Entonces las otras hermanas se giraron y vieron que su pacifica hermana tenía el rostro desencajado y retorcido, y sus labios se encorvaron en una temible sonrisa de depredador.

Saltó sobre ellas y hundió sus dientes en la carne de la garganta de la hermana Susan, arrancándole un buen trozo de carne y haciendo que surgiese un auténtico geiser de sangre que cubrió sus hábitos blancos de un color rojo que se extendió con rapidez.
La hermana Rebeca trató de huir, pero Elsie se movió de una manera antinatural, subiéndose por la pared como si fuese un insecto, quedando colgada boca abajo y mirándola como una araña observa a una mosca que estaba a punto de devorar.
Cayó encima suyo, derribándola, y su mandíbula se hundió en su estomago, soltando dentelladas, desgarrando carne y alimentándose de la misma.
El Hombre de negro  se levantó, sin parar de reír, dando a entender que  la muerte y agonía de las mujeres santas era muy divertida a sus ojos, sin embargo, la risa parecía más un crujido de huesos astillándose que un sonido emitido por una persona.




Continuará…












2 comentarios :

Irene Comendador dijo...

Madredelamorhermoso!!!!!!!!!! que me has tenido con el culillo encogido todo el tiempo jajajaj, pobres hermanitas de la caridad, una en el cuello y otra en el estomago, esa subida por la pared (tipo lagartija) me ha creado una imagen mental de la que tendré que deshacerme esta noche al dormir jejejejej
me encanta, y las ilustraciones de acompañamiento, uuufff, eres un artistaaaaaaaaaaa!!!!!!
besos mi Doc ^^

Doc Banner dijo...

Muchas gracias a ti!!
Me alegro que te haya gustado tanto, hace tiempo que tenia la historia en mente, pero siempre me liaba y he tardado años en poder ponerme a escribirla, asi serializada se me hace más ameno y puedo ir sacando regularmente capitulos.
Ya verás ya la que se liará xd